Onfaloplastia en abdominoplastia con ombligo normal
Por: Amolca, C.A., 3 julio

Extracto del texto original de Talita Franco – Diogo Franco – João Medeiros

Aunque existe una gran variedad de formas de ombligo, su anatomía normal es básica, comprende una depre­sión cupuliforme circunscrita por una especie de borde llamado rodete umbilical.

Del fondo de esta depresión emerge una pequeña prominencia irregular, el mamelón, que presenta en su vértice la cicatriz umbilical, separada circunferencial­mente del rodete por el surco umbilical. Al­gunas de estas características anatómicas se perderán parcialmente en las abdominoplastias.

Con relación a la línea xifopubiana, está situada siempre debajo de su punto medio. Así, el segmento xi­foumbilical es siempre mayor que el segmento umbilico­pubiano. Esta diferencia es más acentuada en el hombre que en la mujer y en el recién nacido que en el adulto. En la sintopía, el ombligo está situado a la altura del disco intervertebral que separa la tercera de la cuarta vértebra lumbar, a nivel de un plano que pasa por el punto más elevado de las crestas ilíacas.

Una vez alterada la anatomía normal del ombligo, no es muy fácil de reponer satisfactoriamente y, en ciertos casos, siempre quedará faltando algún elemento.

Así, en las abdominoplastias usuales, cuando el ombli­go está presente, el simple hecho de trasponerlo provocará la ausencia del rodete, que será sustituido por una cicatriz. Por otro lado, en las neo-onfaloplastias todos los elementos estarán ausentes, con excepción de la depresión.

La onfaloplastia rara vez es un procedimiento único, casi siempre forma parte de las abdominoplastias. Su tratamiento podrá variar de acuerdo con las siguientes posibilidades:

a. Abdominoplastia de rutina con ombligo normal

b. Abdominoplastia de rutina con ombligo muy alto

c. Abdominoplastia con cicatriz vertical

d. Ausencia de ombligo

En este artículo, haremos referencia una en particular: La Abdominoplastia de rutina con ombligo normal

En la mayoría de los abdómenes que necesitan cirugía plástica estética, las alteraciones se extienden también al ombligo y la más importante de ellas es el aumento de su pedículo. En los abdómenes magros y sin alteraciones pa­tológicas, la distancia que va desde la piel de la depresión umbilical hasta el peritoneo es muy pequeña. Sin embargo, a medida que el individuo engorda y su abdomen se torna flácido esta distancia aumenta, y al realizar la abdomino­plastia se encuentra un verdadero tubo. Este tubo debe ser acortado mediante algunos puntos que fijen la circun­ferencia de su pared al plano aponeurótico; si el grosor del panículo adiposo abdominal es muy grande, el acortamiento no debe ser exagerado para evitar sufri­miento del tegumento umbilical por tracción de sus vasos. Sin embargo, en los abdómenes magros el acortamiento puede ser bien acentuado. Este acortamiento va a tornar inaparente la sutura cutánea en el contorno umbilical, debi­do a la tracción que determina ese hundimiento.

El sitio de la exteriorización del ombligo es indepen­diente de cualquier medida teórica. Lo que determina la ubicación ideal es el propio ombligo. En otras palabras, al realizar el orificio para su emergencia, se debe co­locar a la altura de la propia implantación del pedículo umbilical en la aponeurosis.

En las abdominoplastias, el orificio de emergencia del ombligo puede asumir varias formas: incisión verti­cal, con o sin la remoción de una elipse de piel; incisión transversa, también se puede retirar un segmento cutá­neo; incisión circular; incisión en V; incisión en Y.

Las incisiones verticales para la exteriorización del ombligo se transforman generalmente en una ventana que se asemeja poco al ombligo normal; en cuanto a las incisiones transversas, a pesar que ofrecen mejor re­sultado en el segmento superior, quedan con aspecto artificial en el segmento inferior. Las incisiones circulares tienden a la retracción generando estenosis en el orificio umbilical.

Ya las utilizamos todas y no quedamos totalmente satisfechos con los resultados.La incisión en V, pre­conizada por Juri,ofrece un resultado más anatómico, pues el borde superior –al ser suturado al ombligo– se asemeja al rodete umbilical y las vertientes inferiores –al sufrir una pequeña retracción cicatricial– toman una bo­nita forma redonda. Sin embargo, el contorno inferior del ombligo será cicatricial, con todos los inconvenientes de una cicatriz aparente, no siempre de la mejor calidad.

Actualmente, nuestra preferencia es la incisión pro­puesta por Avelar,en 1976, con forma de Y, en la que los tres pequeños colgajos obtenidos se entrecruzarán con otros diseñados sobre el muñón umbilical, de forma opuesta. Las cicatrices quedan en el fondo de la depre­sión, no se perciben en la superficie, y la retracción ci­catricial será mínima puesto que la cicatriz tendrá forma quebrada.

La resección cutánea se acompaña de la resección de un cilindro adiposo en todo el espesor del colgajo. Esto permite que los bordes cutáneos se camuflen en el contorno del ombligo subyacente. Este desengra­samiento de los márgenes de la incisión, para exterio­rizar el ombligo, tiene utilidad al permitir que estos se inviertan en el contorno del ombligo, tornando la cicatriz inaparente. Sin embargo, se necesita cuidado para no retirar demasiado tejido adiposo, haciendo que surjan espacios muertos que no dan soporte adecuado al om­bligo y exponiendo los bordes a riesgo de sufrimiento.

Sobre el segmento de piel, que se dejado en el mu­ñón umbilical al ser levantado el colgajo abdominal, re­secamos tres triángulos. La porción restante tendrá una forma adecuada para adaptarse a la incisión en Y, hecha sobre el colgajo abdominal; esta será suturada con Mo­nonylon 4-0 y los puntos se dejan durante 10 a 12 días.

Fuente: tratado de Cirugía Plástica, Reconstructiva y Estética del Profesor. Dr. Felipe Coiffman.

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