Lipoaspiración en la lipodistrofia trocantérica.
Por: Amolca, C.A., 10 junio

En esta alteración existe acúmulo localizado de grasa subcutánea en la cara posterolateral de los muslos, aso­ciada con frecuencia a depresión en la cara posterolate­ral de los glúteos. Debido a su apariencia característica, es llamada de “conejos”. Poco se sabe sobre su etiolo­gía, pero la deformidad suele aparecer en edad precoz y en ciertas razas es común que exista una tendencia he­reditaria. La deformidad no responde a ejercicios físicos o control dietético y, en casos de pronunciada pérdida de peso con reducción de la grasa torácica y abdomi­nal, la apariencia de la cadera prominente puede incluso ser pronunciada. La deformidad dificulta el uso de ropa como pantalones y otras prendas ajustadas.

La lipodistrofia de los miembros inferiores puede ser corre­gida por la lipoaspiración dejando cicatrices mínimas y un óptimo resultado, en especial en las pacientes más jóvenes con buena elasticidad tisular; sin embargo, puede ser reali­zada en pacientes de diversas franjas etarias, difiriendo, no obstante, con relación a los resultados. El resultado de la lipoaspiración de la región supratrocantérea (“conejos”) es permanente, pero muchas veces necesita ser realizado en dos tiempos quirúrgicos por el volumen que será retirado y para esperar una retracción adecuada. El temor a realizar lipoaspiración en la cara interna de los muslos es causar flacidez cutánea, ya que hay tendencia natural de pérdida acentuada del tono de la piel en esta región.

El papel de la lipoaspiración en la mejoría de la aparien­cia de los miembros inferiores posibilita reducir la proyec­ción de los conejos, la adiposidad de la cara interna de los muslos y la reducción del diámetro de los muslos, en cualquier edad, principalmente en pacientes más jóvenes en los que la elasticidad de la piel se refleja en buena re­tracción cutánea después de cirugía.

Los principios de la técnica consisten, entre otros, en dejar conexiones entre el subcutáneo y la piel, resguar­dando al máximo posible los vasos sanguíneos y linfáti­cos, así como las terminaciones nerviosas, crear túneles en diferentes niveles y realizar la técnica menos traumáti­ca posible. Los planos profundos se aspiran para amplio un vaciamiento y lo mismo se hace con las camadas su­perficiales cuando se desea obtener retracción cutánea regular y armoniosa, siempre con criterio para no ocasio­nar irregularidades.

De modo habitual, utilizamos técnicas de infiltración que varían de húmeda a tumescente, de acuerdo con el volumen total que va a ser aspirado. La infiltración con solución salina más adrenalina de las zonas que serán aspiradas tiene como objetivo romper las membranas celulares, facilitando la aspiración de la grasa a través de una mejor disección de los tejidos, además de ofre­cer cierto grado de hemostasia. La técnica tumescente consiste en la infiltración subcutánea de grandes volú­menes de soluciones diluyentes, para disminuir la pér­dida sanguínea y mejorar la disección del tejido a tra­vés de las cánulas, lo que resulta en menor equimosis y edema. Como ventajas adicionales, hay menor necesi­dad de reposiciones copiosas de fluidos, una disección efectiva, lo que reduce el esfuerzo al cirujano y ocasiona menor trauma a los tejidos. Se utiliza para aspiraciones mayores. Se debe investigar a los pacientes que usen anticonceptivos orales, betabloqueadores, antidepresi­vos tricíclicos, cimetidina y píldoras para adelgazar, o que presentan hipovolemia, hipocalcemia, hipofosfate­mia e hipoalbuminemia, con el fin de evitar iatrogenias pulmonares.

El correcto posicionamiento de las incisiones facilita el movimiento de las cánulas, las cuales deben ser pre­ferencialmente largas para evitar un número excesivo de incisiones, pero de pequeño diámetro. La localización de estas debe permitir un vaciado eficiente para un as­pirado adecuado del tejido adiposo y, siempre que sea posible, deben estar localizadas en lugares que estén dentro de la vestimenta o en pliegues naturales

Las secuelas que quedan después de la lipoaspira­ción incluyen: excesos en la liposucción, incisiones mal posicionadas o mal dimensionadas, persistencia de los excesos en el pliegue infraglúteo (banana fold), irregula­ridades observadas en la superficie cutánea y flacidez cutánea.

En lipodistrofias moderadas a severas la succión del tejido adiposo tiene normalmente un volumen superior a 2 litros. Así se debe tratar para las altera­ciones de orden metabólico semejantes al “síndrome de aplastamiento”. El hematocrito y la hemoglobina bajan, los líquidos extracelulares se difunden en las áreas traumatizadas y es necesario prever la cantidad a retirar para sustituir cerca del 25% de pérdida san­guínea. Con frecuencia realizamos la recolección de sangre del propio paciente, llamada autotransfusión, máximo 30 días antes de la cirugía (1 a 2 bolsas de 400 ml cada una, en promedio, con intervalos de 10 2237 a 15 días entre las recolecciones). La reposición vo­lumétrica adecuada permite la rápida recuperación del paciente.

El postoperatorio incluye el uso de faja elástica com­presiva, drenaje linfático y tratamiento de fisioterapia y endermología.

Fuente: Tratado de Cirugía Plástica, Reconstructiva y Estética, Profesor. Dr. Felipe Coiffman

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