¿Es necesario un tubo nasogástrico después de la cirugía de tracto alimentario?
Por: Amolca, C.A., 8 agosto

Extracto del texto original de: Jordan E. Fishman, MD, MPH y Adrian Barbul, MD, FACS

Los tubos nasogástricos (NG) por mucho tiempo han sido el pilar del armamento quirúrgico y siguen siendo un método bien establecido tan­to para la descompresión gastrointestinal como para proveer alimentación enteral. La colocación rutinaria de tubos NG ingresó a la práctica clíni­ca en los años 1930. Guiado tanto por la evidencia clínica temprana como por la comprensión de la fisiología gastrointestinal relevante, los tubos NG pronto fueron adoptados a nivel mundial. Ha sido tan reverenciada la colocación del tubo NG que W.J. Mayo recalcó en una oportunidad que «preferiría que un residente mantuviera más un tubo nasogástrico en su bolsillo que un estetoscopio».

Actualmente, existen dos propósitos diferentes para continuar con los tubos NG después de la cirugía del tracto alimentario: provisión de nutrición enteral y descompresión del tracto gastrointestinal. A diferencia de la colocación de un tubo NG específicamente para nutrición enteral, el papel de la colocación postoperatoria de tubo NG para descompresión gastrointestinal ha sido bien estudiado.

En un estudio no aleatori­zado de 600 pacientes con íleo paralítico, a la mitad de los pacientes se les colocó tubo NG y la a otra mitad no. Los pacientes que no fueron sometidos a descompresión nasogástrica tuvieron menos mortalidad y morbilidad que los que sí lo fueron. La descompresión con tubo NG también se asoció con una incidencia mayor de complicaciones de tracto respiratorio.

Cheatham y asociados publicaron su primer metaanálisis a gran es­cala sobre el uso de tubos NG postoperatorios profilácticos en 1995, e incluyeron publicaciones desde 1955 hasta 1993. Los dos tipos de estu­dios, aleatorizados y no aleatorizados, fueron incluidos en el metaanálisis, comprendiendo un total de 26 estudios, lo que llevó a una población de estudio de 3.964. Las complicaciones postoperatorias específicas investi­gadas incluyeron: muerte, neumonía, atelectasia, aspiración, fiebre, náu­seas, vómitos, distensión abdominal, dehiscencia de la herida, infección de la herida, fuga en las anastomosis, alimentación oral y duración de hospitalización. En todos los resultados medidos no se encontró ventaja.

Nelson y asociados realizaron un metaanálisis adicional a gran escala que fue publicado subsecuentemente en 2005 y que apoyó que no hay superioridad de la colocación profiláctica de tubo nasogástrico.

Aunque ha preponderado la investigación de alta calidad evaluando el aspecto de la descompresión rutinaria nasogástrica profiláctica, muchos cirujanos todavía practican esta modalidad rutinaria de tratamiento con la creencia de que acelera el retorno de la función pulmonar, que facilita la respiración o la aspiración del contenido gástrico al vaciar el estómago, que aumenta la comodidad del paciente, protege la anastomosis intestinal y que acorta la duración de hospitalización. Además, muchos cirujanos piensan que las complicaciones por intubación con tubo nasogástrico son tan raras e infrecuentes que esencialmente se trata de un procedimiento que no tiene riesgo. En su artículo de 1985, Bauer y colegas reportaron que un 70 % de los pacientes encontró que el tubo nasogástrico es fuen­te de molestia significativa. Essenhigh y asociados describieron cómo 70 % de pacientes encontró la intubación con tubo nasogástrico «estresante» e «incómoda». Un estudio que examinó las complicaciones por tubo nasogástrico encontró que estas ocurrieron en un 63 % de los pacientes estudiados. Aunque muchas de estas complicaciones fueron menores, tales como vómitos, dolor nasofaríngeo, tos, sibilancias o sinusitis, el re­sultado sin embargo es convincente. Las tasas reportadas de complicacio­nes por intubación con tubo nasogástrico varían desde 0,2 % hasta 7,6 %.

Las complicación más frecuente, que es la mal posición, ocurre entre 1,3 % y 2,4 % y puede ser resultado de neumonía o de neumotórax. Otras complicaciones serias reportadas incluyen perforaciones esofágicas, fístu­las traqueoesofágicas, perforaciones gástricas, sinusitis, epistaxis y coloca­ción intracraneal. Estas complicaciones no son frecuentes, pero sirven para disipar el mito de que la intubación con tubo nasogástrico es ente­ramente benigna.

Desde el advenimiento del tubo de Levin, la descompresión gástrica ha evolucionado el tratamiento de la obstrucción intestinal. De hecho, sigue siendo el tratamiento de elección para contemporizar las obstruc­ciones intestinales, permitiendo a menudo practicar un manejo exitoso sin operación. También hay indicaciones claras para usar tubos nasogás­tricos para descomprimir después de cirugía gastrointestinal (por ej., en caso de vómitos persistentes y de obstrucción intestinal). Además, la intubación con tubo nasogástrico es una solución fácil para pacientes que necesiten nutrición o medicaciones por vía enteral que no puedan ser administrados oralmente. Sin embargo, a pesar de estas indicaciones es­pecíficas de uso, la evidencia actual muestra claramente que la colocación rutinaria de tubo nasogástrico después de cirugía de tracto alimenticio no beneficia al paciente sino que posiblemente causa aumento de resul­tados perjudiciales y de incomodidad. En resumen, los autores no reco­miendan el uso rutinario o profiláctico del tubo nasogástrico después de cirugía gastrointestinal.

 

Fuente: John L. Cameron, Andrew M. Cameron, Terapias Quirúrgicas Actuales – Onceava edición.

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