Cáncer de mama, consideraciones para el cirujano plástico
Por: Amolca, C.A., 16 octubre

Extracto del texto original de:

 Carlos Navarro Gasparetto

 

El cáncer de mama es una de las causas principales de muerte en las mujeres entre los 15 y 75 años de edad y, en su etapa inicial, es una enfermedad asintomática. La incidencia de este cáncer en EE. UU., sigue aumen­tando y, actualmente, después del cáncer de piel es el cáncer más común en las mujeres, con una tasa de mor­talidad que ocupa el segundo lugar, superada sólo por el cáncer de pulmón; además, se estima que una de cada 8 mujeres desarrollará un cáncer de mama en algún momento durante su vida; una realidad que en ese país impulsó el desarrollo de programas de educación masiva para la prevención y detección temprana del cáncer mamario mediante el auto examen mensual de las mamas y el examen anual realizado por un médico, así como el uso de mamografías, ecografías, resonan­cia magnética y de otros procedimientos destinados a encontrar el cáncer de mama, lo más temprano posible, antes que se vuelva invasivo, cuando todavía es curable.

 

El cáncer del seno no es palpable cuando el tumor tiene menos de 1 cm de diámetro; sin embargo, la ma­mografía lo puede detectar hasta dos años antes que sea clínicamente palpable, cuando el diámetro del tumor es de medio centímetro, por lo que la mamografía sigue siendo el mejor método de detección temprana y no ha sido desplazada por la resonancia magnética, porque los estudios son complementarios; la mamografía detec­ta microcalcificaciones que no se ven con la resonancia magnética y, a su vez, la resonancia magnética detec­ta imágenes tumorales que, a veces, no aparecen en la mamografía. La detección de un cáncer de mama, palpable o no, obliga a la biopsia, que es indispensable para el diagnóstico patológico definitivo de la lesión y la planificación del tratamiento, cuando se confirma el diagnóstico; sin embargo, la mayoría de las masas de­tectadas por la mamografía son benignas.

 

Las masas sólidas se pueden diferenciar de las quís­ticas mediante una ecografía o introduciendo una aguja para aspirar la lesión. En el tratamiento contemporáneo del cáncer mamario participan varios profesionales que conforman un equipo que incluye: médicos generales, médicos oncólogos, cirujanos oncológicos, cirujanos plásticos, anestesiólogos, radioterapeutas, enfermeras especializadas, trabajadores sociales, genetistas, pató­logos y grupos de apoyo.

 

El cirujano plástico cumple un papel muy importante en la rehabilitación física y psicológica de la paciente y debe tener un conocimiento básico de la historia natural del cáncer de mama, así como de los factores de ries­go, los distintos tipos histológicos que se presentan y los protocolos actuales de tratamiento. Además, debe estar capacitado para diagnosticar el cáncer primario o las re­cidivas que se puedan encontrar al momento de realizar la reconstrucción mamaria o más adelante.

 

Es probable que en los años previos a la menopausia se produzcan muchas células cancerosas, pero la mayo­ría permanece en estado latente durante muchos años, antes de formar un tumor detectable o son tan pequeñas que no pueden palparse ni verse, aun con las pruebas de detección más sensibles que existen actualmente. El estrógeno y la progesterona durante el ciclo menstrual estimulan el crecimiento, no sólo de las células mama­rias normales sino también el de las cancerosas, acele­rando su crecimiento.

 

Es interesante que el 70% de las mujeres que de­sarrollan cáncer de mama no tienen factores de riesgo conocido, y 85% tampoco tienen una historia familiar positiva. El cáncer del seno es una enfermedad que fundamentalmente afecta a las mujeres (porque en los hombres es muy raro) y en todas las mujeres, a medida que envejecen, la posibilidad de desarrollarlo aumenta y se ha observado que algunas mujeres tienen más riesgo que otras de contraerlo. Aunque, todavía se descono­ce la causa específica de este cáncer, sí se han iden­tificado varios factores de riesgo; los más importantes son:

  1. La edad; estadísticamente, el 75% de los tumores del seno aparecen en mujeres que están por en­cima de los 50 años de edad y es raro antes de los 30.
  2. Historia de cáncer del seno en familiares de pri­mer grado (madre, hermana, tía o abuela).
  3. Menarquia antes de los 12 años de edad y meno­pausia después de los 55 años; en ambos casos la mujer tendrá un mayor número de ciclos mens­truales.
  4. La nuliparidad duplica el riesgo, por el mismo mo­tivo.
  5. Tener el primer embarazo después de los 30 años de edad aumenta el riesgo, mientras que tenerlo antes de los 18 años, lo disminuye.
  6. Historia de cáncer en la mama o en otra parte del cuerpo (colon, útero, glándulas salivares o enfer­medad de Hodgkin).
  7. La obesidad por encima del 40% del peso nor­mal, porque se asocia al aumento de estrógeno formado en el tejido adiposo, especialmente des­pués de la menopausia, en que la mayoría del es­trógeno circulante proviene de la conversión de andrógenos a estrógenos, por acción de la enzi­ma aromatasa y el estrógeno, es un “promotor” del cáncer de seno.
  8. Mujeres de nivel socioeconómico alto, porque tienden a postergar el embarazo.
  9. Deficiencias inmunológicas.
  10. Exposición a radiaciones ionizantes, antes de los 30 años de edad.
  11. La falta de ejercicio físico; las mujeres por deba­jo de 40 años que regularmente hacen ejercicio, tienen 14% menos probabilidades de desarrollar cáncer de mama.
  12. Exposición al dietilestilbesterol durante el emba­razo, porque es un agente estrogénico.

 

El cáncer de mama no parece estar asociado a fac­tores como hormonas, lactancia, contaminación ambien­tal, tabaquismo, aborto, implantes mamarios de silicona, enfermedad fibroquística o a otras enfermedades benig­nas de las mamas, incluyendo infecciones o quistes. El uso de anticonceptivos orales representa un aumento de riesgo cuestionable, que se puede incrementar cuando se usan desde temprana edad o por más de 10 años; igualmente, las ventajas y desventajas de la terapia de reemplazo hormonal después de la menopausia son controvertidas y deben discutirse con el médico oncólo­go antes de tomar la decisión de usarla.
 

Muchos de los factores de riesgo conocidos no son controlables, pero hay acciones que pueden reducir el riesgo de cáncer del seno, sin eliminarlo totalmente, como hacer ejercicio físico regularmente, embarazarse antes de los 18 años, someterse a una oforectomía antes de los 35 años o a una mastectomía profiláctica.
 

Existen varios tipos de cáncer de mama, pero el más común es el carcinoma ductal (85 a 90%) que se origina en las células de los conductos galactóforos, seguido por el lobular (10 a 15%) que se forma en los lóbulos o lobulillos, mientras que el resto se forman en los otros te­jidos de la mama. Inicialmente, el crecimiento autónomo de las células malignas se limita al epitelio ductal o lo­bular (carcinoma in situ) pero, con el tiempo, las células malignas pueden atravesar la membrana basal para in­vadir la mama y eventualmente producen metástasis; la invasión local ocurre entre 1 y 10 años antes que el tumor sea clínicamente palpable y, para entonces, el cáncer ya se puede haber diseminado a distancia, lo que explica la alta mortalidad del cáncer mamario en los casos que no reciben tratamiento.
 

La detección precoz del cáncer es indispensable para encontrarlo antes que se vuelva invasivo, cuan­do todavía es curable, especialmente en pacientes de alto riesgo. Es muy importante determinar el tamaño del tumor, el grado de diferenciación celular y su localiza­ción, porque estas características patológicas ayudan a tomar decisiones terapéuticas y determinar el pronósti­co.

 

Fuente: Profesor. Dr. Felipe Coiffman,tratado de Cirugía Plástica, Reconstructiva y Estética.

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